Jueves, 20 Abril 2017 11:02

La inteligencia verde

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El silencio estatal en respuesta al movimiento verde reclamando el fin de la impunidad se descompuso con una diatriba de descalificaciones descontextualizadas y tergiversadoras, cual desubicación política del hastío que vive gran parte de la población.

La supuesta vinculación del movimiento verde con el empresariado y la oposición tiene una clara intención de desmeritar la movilización ciudadana despertada en el país desde inicios del año, solo comparable a la gesta de abril de 1965, con la evolutiva característica organizativa diversa y pacífica.

La desubicación oficialista reniega la capacidad ciudadana de expresar  la indignación arrastrada desde muchos años y que explota en una marea verde nacional después de conocer las perversas modalidades transnacionales de sobornos soportadas con fondos extraídos de nuestros recursos. Precisamente del país con uno de los más bajos niveles en la región latinoamericana de inversión social, de aporte salarial al PIB, de mayor índice de feminización de la pobreza, que ocupa los primeros lugares en corrupción, con unos personajes que protagonizan proyectos empresariales binacionales, sub y regionales.

La catarsis colectiva despertada revive, como si hubiera sido ayer, las risas maquiavélicas de veredictos judiciales absolutorios de quienes se han enriquecido burdamente de los fondos públicos y sin ninguna posibilidad legítimamente creíble del aumento descomunal de las riquezas.

La oficialista alerta al pretender vincular la oposición y el empresariado, además de subestimar la autonomía y empoderamiento de la ciudadanía, desconoce la diversidad de composición de la sociedad civil, el derecho de diferentes de sectores en unirse a las protestas como una práctica más de la democracia.

Si bien la coordinación del movimiento, heterogénea en su composición, ha sido hasta ahora clara y estratégica en no permitir que actores políticos coopten, monopolicen o desnaturalicen el puro sentido ciudadano, no cabe dudas que algunas dirigencias partidistas que se dejan exhibir en las marchas no tienen descaro por el salpicón que alcanza y “entolla”a figuras emblemáticas de sus organizaciones.

Lograr el desprendimiento del individualismo de banderas para encausar una agenda de coincidencia de una agenda mínima y a la vez colectiva requiere una gran capacidad de convencimiento avalada en la convocante trayectoria de  luchas en defensa de bienes comunes y derechos negados. Estrategias que traspasan el liderazgo político partidista y de otros movimientos.

Entender el impacto, aunque no inmediato, requiere miradas de actualización del contexto, con lentes de apertura a la innovación para dar las mismas respuestas, más allá de un silencio que otorga y desvía el mensaje carente de sustento.