Viernes, 19 Mayo 2017 18:59

Atrocidad de las violaciones sexuales

Escrito por 

Las violaciones sexuales constituyen instrumentos de fomento del miedo que se inculca a las mujeres para imponerles el poder patriarcal. Actos tan atroces y dañinos que resultan difíciles de creer y aceptar.

Desafortunadamente forman parte de la historia común de muchas mujeres que lo experimentan desde niñas, pasando por la complicidad familiar, el temor a confrontar el perpetrador o someterse a la lupa juzgadora de la comunidad cargada estigma y culpa hacia ellas.

Los datos de la Procuraduría General de la República confirman la vulnerabilidad de irrespeto a la privacidad de los cuerpos de las mujeres. Tan solo en los años 2014 y 2015 se recibieron a nivel nacional 15, 204 denuncias de delitos sexuales, clasificados como: agresiones sexuales, violaciones, acoso, “seducción” de menores e incesto. Lo abstracto de los altos niveles de las cifras no se compara con el dolor, incertidumbre y marca social con el que tienen que convivir  las sobrevivientes.

A pesar de que la condena está establecida en términos legales formales, denunciar una violación implica para las sobrevivientes y sus familias un alto reto a las hegemonías de poderes institucionales patriarcales, a su asociatividad y al orden social que los conectan y reproducen.

Las desigualdades de clase también atraviesan esos sistemas de conexión. La credibilidad o apoyo brindado al alcalde de Los Almácigos, acusado de violar a una menor desde que tenía once años,  defendido por la  comunidad de su municipio, no es la misma que el desconocido “hecha días” que cometa el mismo acto. Denunciar es retar el poder del que se vale el violador para cometer el crimen.

Igual análisis cabe para el siquiatra de Santiago acusado de violar a tres jóvenes mientras ofrecía consulta. Ha encontrado complicidad mediática para atropellar la privacidad de las sobrevivientes, incurriendo en violaciones a sus derechos procesales. Motivar al imputado a la reflexión y cambios de actitudes entorno a la misoginia y cuestionamiento de privilegios conlleva mayor valor humano que lanzarse hacia las víctimas.

A miles de años de patriarcado, quienes nos revelamos contra la sumisión y el miedo a los mecanismos de instrumentalización de nuestros cuerpos deploramos actos injustos y volcamos toda la solidaridad a quienes se han atrevido a denunciar.