Martes, 03 Octubre 2017 20:56

En memoria de Pengsien

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Basta escribir su nombre para delatar a quién me refiero, no hay en el país otra persona con uno igual. Así fue su personalidad y marca de vida, un legado de múltiples aportes a movimientos sociales y políticos que dejará en lo adelante una obliga referencia de consulta en el ejemplo de su filosofía de vida.

Como amiga, compañera de partido y esposo de una amiga y maestra feminista, tuve oportunidad de conocer en diferentes etapas varias facetas de Pincholo, como le llamaba Mildred, su esposa y pareja de vida, de militancias e ideologías.

Me llegan recuerdos de cuando bailé la primera vez con él: “No concibo que el hombre sea el que dirija, tengo problemas con eso”, le expresé. “No te preocupes, yo me dejo llevar, yo te sigo el paso”, contestó, y así bailamos varias piezas en la fiesta. Así rompió el esquema que tenía de su personalidad dura e impenetrable.

Me llevó a cuestionar mi actitudes racistas a través de una conversación con él, mientras describía las facciones de rostro de una persona. ¿Porqué destacas los rasgos de negritud de esa persona?  En lo adelante tuve más cuidado de lenguaje alusivo al racismo, algo que conscientemente no tenía registrado. Tiempos después en las reuniones del partido, Opción Democrática, tuvo la parsimonia de maestro para explicar a alguien porqué se debían respetar los derechos de las personas de origen haitiano y su descendencia y cómo iba en consonancia con los principios y valores institucionales.

Su identificación con el feminismo la demostró siempre con coherencia. También en el partido, creaba ambiente de confianza motivando la intervención de mujeres en las reuniones, respetando y acompañando el liderazgo femenino. Su intelectualidad no se sentía en competencia por la sabiduría de Mildred, que ella fuera centro de atención no lo percibía como amenaza. A pesar de la naturalidad con que los hombres (demostrado por estudios), se asumen como voces principales en sus relaciones de pareja y con otras mujeres.

El silencio de la concentración interna y las expresiones fuertes de rostro, contrastaban con la sencillez de la sonrisa, la intelectualidad, y la humildad para enseñar los acumulados de militancias experimentadas, con sabiduría en la transferencia.

Pengsien agradecía los favores desinteresados sin esperar devolución, porque así pensaba y actuaba. Apreciaba la cortesía y la amistad  brindada. “Deseo tener muchos amigos, no me interesa la abundancia económica”, me comentó una vez al felicitarlo por su cumpleaños.

Pepe Mujica le despertaba admiración, conocía al detalle la trayectoria del Frente Amplio de Uruguay para llegar a la presidencia. Se identificaba con Mujica por la sencillez de vida, la coherencia política, y la profundidad de pensamiento. En realidad eran personalidades parecidas, demócratas vivenciados en lo público y en lo privado.

La solidaridad expresada, las atenciones recibidas, las visitas de amigos y amigas, el concurrido velatorio, el sentido y auténtico memorial, y publicaciones en su honra, son la mayor muestra de todo lo que Pengsien entregó, pero sobre todo, también nos deja.

 

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